La columna

  • Chihuahua y México: frente al rostro del hambre.
  • Meade: más vigente que nunca.

Es una realidad la pobreza existente debido a la dura situación económica que viven muchas personas en nuestro país. A diario son vistas escenas protagonizadas por nacionales o extranjeros de todas las edades, quienes deambulan por las calles y cruceros de la capital de Chihuahua pidiendo algunas monedas, limpiando parabrisas, haciendo toda suerte de malabares, o vendiendo lo que pueden, para comprar algo que comer. También es común leer notas periodísticas sobre detenciones de madres o padres que roban en casas habitación o establecimientos comerciales, para alimentar a sus hijos. El hambre… la necesidad, y los males consecuentes que éstas conllevan, están presentes en Chihuahua, y en el resto del país. Sería una insensatez no admitir la existencia de esta lacerante realidad, que duele porque lastima las conciencias de todos, y fustiga las vidas de muchos.

Las políticas aplicadas en nuestro país para la superación del rezago social han sido, hasta la fecha, insuficientes. Hoy, el subdesarrollo socioeconómico y cultural, así como la marginación y la falta de oportunidades, continúan siendo un pesado lastre para la nación, por los perjudiciales efectos que originan, entre ellos la inseguridad y la violencia.

Es sintomático, y triste, por supuesto, el caso ocurrido días atrás en Delicias, cuando al ser detenida -y esposada por la policía-, una joven mujer que sustrajo de una tienda de autoservicio, sin pagarlos, un kilo de carne y un kilo de queso,  imploraba a los agentes policiacos: “¡Por mis hijos, no me lleven, no lo vuelvo a hacer!”. Cuántos inocentes menores hay que no imaginan los extremos a los que sus padres se ven circunstancialmente obligados a llegar, para llevarles algo qué comer. En Chihuahua, y en todo México, los flagelos sociales de la desigualdad y el hambre no parecen tener fin.

José Antonio Meade Kuribreña, ex funcionario del gobierno del Presidente de México, Enrique Peña Nieto, y ex candidato presidencial del PRI, en la reciente elección ganada por el ahora presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, dejó una buena estela y cosechó creces a su paso por la escena electoral, no obstante los resultados conocidos. En la política, como en la vida, a veces “perdiendo” se gana –no hay mal que por bien no venga, reza el sabio dicho-, lo cual parece estar ocurriendo con la carrera de Meade Kuribreña.

Más allá de la votación obtenida por Meade en los históricos comicios del 1 de julio de 2018, son sus cualidades personales el factor que lo mantiene y lo mantendrá vigente en el escenario político -y quizá también electoral- durante los siguientes años. No es fortuito que recientemente López Obrador lo haya recibido en sus oficinas, refiriéndose a él con calificativos de: hombre capaz y decente. Es cierto que AMLO no mintió al elogiar a Meade, pero también es verdad que llamó la atención su generosidad para reconocer ante toda la nación las virtudes de su otrora contrincante.

Por ahora, las fortalezas de José Antonio Meade -cuya primera incursión en el escaparate electoral parece estarle abriendo un panorama político más promisorio que el que tendrá la mayoría de sus ex compañeros de gabinete-, se fincan en su amplia experiencia administrativa, acumulada durante los últimos sexenios, en los que ocupó algunos de los más altos e importantes cargos de la administración pública federal, en gobiernos emanados del PRI y el PAN. En las últimas dos administraciones Meade fue titular de las Secretarías de: Relaciones Exteriores, Hacienda, Desarrollo Social, y Energía.

De manera específica, su vasta formación académica –economista, abogado, y posgraduado en la Universidad de Yale-, y el amplio conocimiento de la temática macroeconómica y financiera en los entornos nacional e internacional, constituyen una innegable ventaja que coloca al ex aspirante presidencial en la selecta lista de mexicanos talentosos cuyos servicios podrían ser requeridos por la próxima administración del gobierno federal. Sin duda, de todos los candidatos presidenciales participantes en el pasado proceso electoral, Meade es quien contaba –y cuenta- con el currículum administrativo más completo.

El carisma es otro elemento a favor de Meade, pues éste tiene un semblante accesible y amigable, que proyecta sencillez y bondad, e inspira confianza. Tales cualidades son de inobjetable valor en cualquier ámbito del quehacer profesional y, desde luego, sumamente apreciadas en la función pública. Hoy, en el escaparate nacional, la figura de José Antonio Meade Kuribreña parece estar más vigente que nunca, por ello no resultaría extraño su retorno a la conducción de alguna de las instituciones del Estado Mexicano, durante el próximo sexenio.

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